Las emociones tienen un papel muy importante en las personas, pues según cómo nos sentimos, nos vemos a nosotros y a lo que nos rodea. Si un niño mira a través de las gafas del miedo, sentirá miedo y verá peligro en cualquier situación; si lo hace con los ojos del amor, se percibirá querido y verá el cariño a su alrededor.
En el campo emocional, las personas adultas, nos comportamos de manera bastante parecida a la de un niño o niña: nos impacientamos, nos enfadamos, tenemos miedo, etc. Aunque en otras áreas hayamos adquirido muchos conocimientos, en lo referente a las emociones, somos casi analfabetos.
Para comenzar un proceso de reeducación emocional más saludable, lo más útil que he visto, es trabajar en la dirección de disolver las emociones que nos impiden estar bien. Para ello es básico dejar creencias como: “vivir es igual a sufrir” o “Es que soy así”, pues nos imposibilitan cualquier cambio.
Posteriormente necesitamos aceptar y observar los estados emocionales que se presentan, sin pelearlos. Si los peleamos o nos recreamos en ellos, toman más fuerza. Después, elegiremos uno y empezaremos a trabajar las cualidades contrarias para que, poco a poco, vayan creciendo en nosotros. Por ejemplo, si un niño se inferioriza, le diremos y le enseñaremos a ver los aspectos positivos.
Cada emoción demanda una forma de atención específica. Si un niño siente miedo, lo que procede es protegerle y no incitarle a que lo cambie por valentía; si lo que siente es alegría o amor, lo que corresponde es que lo comparta, porque de lo contrario, se pudre dentro y puede convenirse en celos o resentimiento.
Las relaciones entre las personas tienden a estar en dominio o sumisión. Recurrimos a una serie de “juegos psicológicos”, en los que utilizamos las emociones para que los otros hagan lo que nosotros necesitamos. Por ejemplo, un padre puede utilizar el enfado para despertar el miedo o la culpa de la niña, y que ésta haga lo que el padre pretende; o un niño puede ir de complaciente para que los demás le quieran.
Para salir del dominio y de la sumisión, se precisa tener respeto, tolerancia emocional y basar las relaciones en el pacto. Va bien no utilizar los imperativos ni los tiempos de obligación cállate, tienes que hacer..., y sustituirlos por el pedir: te pido silencio, necesitas hacer... El humor también puede ayudar para no irse al drama.