Lo normal es que el padre, la madre o los abuelos tengan puntos de vista diferentes a la hora de educar a los niños, pues cada uno de ellos recibió una educación y vivió unas circunstancias determinadas. Sin embargo, esto no es óbice para que todas las personas que intervienen en el proceso educativo intenten consensuar los aspectos fundamentales. Para ello precisan hablar y ponerse de acuerdo en los valores o cualidades que consideran importantes para los niños y en la metodología a utilizar.
En la práctica esto resulta un poco complicado, y no sólo porque se tengan criterios distintos sino, también, por las críticas o comentarios que se vierten delante de los niños. Por ejemplo, la abuela puede decirle a la madre: “Si le dieras una bofetada se le acabarían todas las pamplinas”. O, el comentario del padre ante la insistencia de la madre para que el niño acabe su comida: “Pues déjalo, ¿no ves que no tiene más hambre?”.
Existe una norma básica: no discutir, ni hacer críticas sobre la forma de actuar del padre, de la madre o de los abuelos cuando los niños están delante. Si no lo hacemos así, estamos contribuyendo a desacreditar a quien está con el niño en ese momento; además, invita a que éste intente saltarse los límites, dado que sabe que cuenta con el apoyo de algún familiar.
En los asuntos secundarios no es necesario que la pareja esté de acuerdo en todo y haga lo mismo con los hijos. El hecho de mantener la coherencia en lo fundamental, no entra en contradicción con que cada uno lo haga con su estilo e, incluso, planteen alternativas diferenciadas. Esto puede ser una ayuda para los hijos, pues ven maneras variadas de resolver los problemas.
También va bien que el padre y la madre pacten las tareas relacionadas con los hijos de las que se pueden responsabilizar, tomando en cuenta sus características o habilidades: grado de paciencia, si le gusta leer cuentos a los niños, si le atrae el deporte...
A veces se dan situaciones en las que a los propios padres o, a éstos con los abuelos, no les resulta posible llegar a acuerdos sobre cómo educar a los niños. En esos casos, y para evitar confrontaciones, lo más adecuado es mostrar respeto hacia las otras formas de afrontar algunas conductas. A los niños, para que no entren en comparaciones, se les pueden decir frases como: “Cuando estés con la abuela haces lo que ella te diga y cuando estés conmigo tal y como las entiendo yo”.
