Daniel Penac en su libro: ”Como una novela”, dice que el verbo leer no admite el imperativo. Si a un niño o a una niña se le obliga a leer, estará sentado delante del libro pero, con frecuencia, su pensamiento se escapará e irá a recorrer otros sueños más sugerentes.
Los niños pueden aprender a leer con diferentes métodos, pero el gusto por la lectura es algo más profundo, vinculado a la vida y al afecto.
Se empieza a activar el gusto por la lectura, desde el momento en el que los niños asocian libros y canciones con el amor del padre y de la madre. Esto ocurre cuando a los hijos pequeños, los sentamos en nuestras rodillas o los ponemos en nuestro regazo, y les contamos cuentos o les cantamos para que se duerman.
Si volvéis los ojos hacia vuestra niñez, recordaréis con cariño algunos de los cuentos que os narraban vuestros padres o abuelos. Estos mismos podéis contárselos a vuestros hijos y veréis que se produce algo mágico, dado que su alma captará las agradables sensaciones que quedaron grabadas en vosotros desde entonces.
Hay cuentos en CD, casete..., que estará bien conocer, pero sabiendo que no pueden sustituir a las palabras con corazón dichas por un padre o una madre.
Hasta los siete años, va bien leer y cantar a los niños unos minutos cada día. Como ellos no dominan plenamente la lectura, les haremos de modelo para que incorporen el ritmo, la poesía o la música.
En el mercado hay buenos y malos libros, por eso es básico que los libros que les facilitemos, los hayamos visto antes y respondan a unos criterios educativos. En la lectura, tampoco vale todo.
Es recomendable ir a las librerías, a sesiones de cuentacuentos y que los hijos, vean a los padres con libros, disfrutando de su lectura; ellos tenderán a imitarnos y la lectura podrá convertirse en un hábito y en un placer.
Un libro puede ser un buen regalo, pero como los libros son caros, necesitamos hacer uso de las bibliotecas. Es importante que tengan libros variados y repartidos por distintos lugares de la casa, incluso en el váter, dado que es uno de los sitios dónde más se lee.
Al tratarse de la lectura por placer, necesitamos permitirles a los hijos: dejar un libro si no les ha “enganchado saltarse páginas o, siplemente, ojearlo. Si les forzamos a terminar un libro que no les ha gustado, estaremos fomentando, justo lo contrario a lo que pretendemos.
