Resulta paradógico que para el desarrollo de cualquier profesión, por sencilla que sea, se organicen cursillos u otras modalidades formativas, sin embargo, para una tarea tan compleja como es la educación de los hijos e hijas apenas se encuentran actividades dirigidas a los padres y a las madres. Y no es porque no haya necesidad. Basta con escuchar sus testimonios para darse cuenta que existen bastantes dificultades a la hora de educar y de relacionarse con los hijos.
Los niños son construidos en gran medida, por tanto, los padres y las madres necesitan tener muy claro cuáles son las cualidades o valores que consideran fundamentales para sus hijos. Si queremos que arraiguen dichas cualidades hay que cultivarlas y cuidarlas de manera continuada. Para que un niño aprenda a leer o a escribir trabajamos con él cada día, lo mismo se precisa hacer para que incorpore la responsabilidad, el respeto o la autoestima. A veces se piensa que a medida que se hagan mayores irán adquiriendo esas cualidades, sin embargo, la experiencia nos dice que si no se aprenden en las etapas de Infantil y de Primaria, resulta mucho más costoso que lo hagan después.
Las Escuelas de Madres y de Padres se pueden organizar de formas variadas. Lo que he visto más útil es hacerlas de manera conjunta con el profesorado, sobre todo con los tutores. Los profesores y los padres son los referentes educativos más cercanos al niño. Por lo tanto se trata de ponerse de acuerdo en qué educar, cómo hacerlo e ir ambos en la misma dirección.
Se puede empezar con cinco o seis sesiones, con una periodicidad semanal o quincenal dedicadas a orientar la solución a los problemas que manifiesten los padres y las madres. A la vez se irán mostrando distintos recursos y estrategias para trabajar las cualidades o valores que configuren el modelo educativo para los hijos. Una persona experta será el orientador-coordinador de las reuniones; puede ser el tutor, otro profesor del centro, del equipo de orientación o de los propios padres o madres. El trabajo tendrá una orientación práctica, de tal manera que los temas que se traten en las distintas reuniones se experimenten en casa y en la escuela.
Esta formación básica inicial se puede ampliar durante el curso o hacer cada año varias sesiones y complementarias con lecturas, intercambio de experiencias, charlas, etc.
