La adecuada utilización del dinero por parte de los chicos y de las chicas requiere de un aprendizaje. Los padres necesitamos tener claros los valores que queremos fomentar en relación con el dinero: ahorro, compartir, saber administrarse, la no dependencia, etc.
Los niños son buenos observadores, por tanto, conviene mantener la coherencia entre lo que les decimos y lo que hacemos. Según la actitud y el uso que los padres hagan del dinero, estarán “invitando” a los hijos a incorporar unos u otros valores.
Una buena manera para que los niños aprendan a utilizar el dinero de manera responsable es asignándoles una paga periódica que ellos administren. Dicha paga se dedicará a sus pequeños gastos y no debe abarcar la ropa ni los materiales o libros del colegio. Procuraremos que no sea escasa para que les posibilite el ahorro y así poder acceder a algo que les haga ilusión: una bici o un regalo para su mamá.
Entiendo que cuando se toma la opción de dar una paga con carácter periódico, ésta debe considerarse como un derecho de los chicos, por lo tanto, no puede supeditarse a si hacen sus trabajos en la casa o a si sacan buenas notas en los exámenes. Esto se regulará de otra forma.
A veces los abuelos o los tíos dan dinero a los niños en los cumpleaños o en otras ocasiones. A este dinero habría que darle una finalidad concreta: ropa, libros de lectura, etc., pues, de lo contrario, lo meten en la hucha y si administran mal su paga pueden recurrir a él, con lo que se rompe el planteamiento educativo que intentamos llevar a cabo.
Se puede comenzar a dar la paga cuando los niños tienen unos siete años, pues ya manejan los conceptos de suma y resta, aunque necesitan incorporar los de caro y barato. La periodicidad hasta los diez años puede ser semanal; después quincenal, hasta llegar a hacerla mensual en la adolescencia.
No hay que darles más dinero del pactado aunque se lo hayan gastado a mitad de la semana, pues uno de los objetivos es que aprendan a administrarlo.
En relación con la cantidad a percibir, se precisa ajustarla a la edad y a la economía familiar. Va bien consensuarla con los hijos, sabiendo que no conviene darles mucho dinero, aunque la situación económica lo permita.
Como se trata de fijar una serie de criterios educativos, les ayudaremos a priorizar sus gastos, distinguiendo entre lo que necesitan, de lo que desean tener ahora, de lo que puede esperar o del dinero para ahorrar.
