Dicen que vivimos en una sociedad materialista, consumista, y marquista, que sólo piensa en coches, en ordenadores, en móviles, en artículos de "lujo"... y donde se da poca importancia a los valores de antaño.
Hasta hace pocos días yo misma podía ser una de esas personas materialistas, consumistas y marquistas que definen esta sociedad nuestra y podía haber seguido viviendo, tranquilamente, egoístamente, encerrada cada vez más en esos roles sin darme cuenta de todo ello.
Hay veces que ocurren cosas en la vida que al principio no tienen lógica alguna, pero que con el paso del tiempo logran tener un significado propio.
El pasado jueves día 12 de febrero tuve un accidente de tráfico en una de esas hermosas y puñeteras curvas que definen la carretera de Laspaúles a Castejón. Digo hermosas porque, todavía a día de hoy, me parece éste un paisaje exquisito, con un encanto peculiar, que por lo menos a mí me cautivó ya la primera vez que subí a mi escuela. También y conscientemente, más ahora que nunca, digo puñeteras, porque doy fe de la rapidez con la que se desahace una de esas trazadas.
Bajaba a cenar con unos compañeros a Benasque y ya no llegué. Pero quizás, quién sabe, lo pueda estar contando ahora por llevar en ese momento un buen coche y un buen móvil, que momentos antes de esa curva yo no valoraba nada (como muchas de las cosas materiales que tenía, y que reconozco no eran pocas), pero que cuando fuí consciente de lo que había pasado, lo significaron todo.
Pero lo que más es valorado en estos días es la amistad, el compañerismo, y el calor de todo el pueblo de Laspaúles.
Desde esta página del CRA quiero agradecer a todas las personas que a partir de ese momento se volcaron en ayudarme, en auxiliarme, en acompañarme, en arroparme y en animarme con aínco y con muchísimo cariño y que no han parado de hacerlo hasta hoy mismo.
Gracias a Nacho, por coger el teléfono en un momento tan difícil para mí, por responder de una manera tan decidida y tan segura, por esas primeras palabras de apoyo y de ánimo, por ése "estoy ahí aunque no me veas todavía", y por poner en marcha a todo ese dispositivo de urgencia que tan bien funciona en nuestro valle. Gracias por acompañarme y no dejarme nunca sola y por seguir sonriendo hasta que llegué a Barbastro.
Gracias a Eduardo, el alcalde de mi pueblo, que salió pitando para encontrarme en no se sabía todavía que curva. Gracias por la rapidez de mover a un pueblo que ese día demostró ser vecino de sus vecinos. Gracias por encargarse de todo lo que yo en esos momentos ni siquiera sabía cómo encargarme.
Gracias a Fina y a Reyes por dejar todo lo que tenían en ese momento en las manos, por bajar tan rápido esas curvas, por ser mi apoyo constante, segundo a segundo, sin dejar de hablarme y de tranquilizarme por el móvil en cada uno de esos veinte minutos que a mí se me hicieron eternos. No sabéis la importancia que tuvo para mí vuestra voz, calmada y sosegada pese a los nervios.
Gracias a un chico llamado Javier que paró su coche alertado por unas ráfagas extrañas de luz, que eran mi única compañía en esos momentos. Gracias por parar, por tus palabras de ánimo mientras forcejeabas con esa puerta, pesada y maltrecha que no había diablos que la abrieran. Gracias por abrirla y dejar que pasara al fin algo de aire fresco.
Gracias a todo el dispositivo de urgencias que se puso en marcha automáticamente; a los bomberos (un millón de gracias Arturo, por tu sonrisa y tu "no pasa nada, tranquila"), guardia civil, 061, ambulancia...
Gracias muy especialmente a Marisa, que con esos ojos tan guapos y expresivos fue, además de mi enfermera en Castejón, como mi madrecita y lo ha seguido siendo a lo largo de estos días. Gracias también a la médico de guardia esa noche, y que no sé o no me acuerdo como se llama.
Gracias al ambulanciero, por su apoyo, por sus cuidados, y por su pericia por esas curvas del Congosto, ese camino tan largo para mí esa noche hasta Barbastro.
Gracias, un muy profundo gracias, a Mari Mar, que "voló" de Benasque a Castejón para estar conmigo, para acompañarme y calmarme durante todo el camino hasta Barbastro; gracias por no soltar mi mano en todo el rato y por hablarme sin parar todo el camino.
Gracias a todo el personal de Urgencias del Hospital de Barbastro, por su profesionalidad, pero ante todo por su trato. Gracias muy especialmente a Chema, el radiólogo, por sus palabras y su paciencia.
Gracias también al personal de Hospital San Jorge de Huesca y al del Hospital Miguel Servet de Zaragoza; mil gracias a Ángel Martínez, el traumatólogo de la unidad de hombro que volvió a recolocar mi clavícula, que asumió el riesgo de operarme en tan complicada circunstancia y que pese a mis dudas, volvio a "coser" mi clavícula a mi esternón. Gracias a él y al doctor García Pintado, por su interés, su apoyo y su calidad humana. Y gracias a Sandra, la anestesista que me durmió tan plácidamente. Gracias a todos.
Y un muy cariñoso gracias a todos mis compañeros del colegio, por sus ánimos,su interés, su apoyo, sus palabras cariñosas, a todos muchas gracias. Gracias a mis niños por sus inocentes y amorosas palabras. Gracias a todos mis amigos de Laspaúles, del Valle, de Huesca, a todos gracias.
Y por último, me vais a permitir, un gracias enorme a mi MADRE. Por ser todo para mí estos días, por... bueno, tú ya sabes todo mami; desde aquí, gracias.
Así que me despido de vosotros, por unos días solo, para volver a dar guerra muy pronto y disfrutar de vuestra compañía que sinceramente añoro. Besitos a todos.
