Según diferentes estudios, la participación de los padres y de las madres en la educación sexual de los hijos es todavía baja, aunque se ha avanzado bastante durante los últimos años. Muchos de los conocimientos que tienen los chicos y chicas suelen venir de películas, de los amigos, de revistas o de la publicidad. Esto supone que aspectos importantes los incorporen de manera distorsionada y, junto a la vivencia de algunos chicos de saber más de lo que realmente conocen, les lleva a cometer errores.
Hay padres a los que no se les educó convenientemente para la sexualidad y tienen dificultades para conversar con los hijos sobre el tema y darles las orientaciones oportunas. Cuando esto ocurre, lo acertado es aceptar y explicarles el problema que uno tiene. Va bien saber que para los hijos es mejor escuchar una contestación desde el corazón, que ver como los padres eluden la respuesta. Si no se les da la información, la buscarán por otro lado y se cerrará la puerta a la comunicación sobre estos asuntos. Si hay alguna pregunta a la que no se sabe responder, está bien decirle que no la conoce, pero que se va a informar.
En la educación sexual es importante saber que los gestos, desviar la respuesta o decirle expresiones como: “Eso ya lo aprenderás cuando seas mayor”, supone crear incertidumbre, dudas, e incluso, según la actitud de los padres, puede brotar la culpa en los niños por haberse interesado por aspectos relacionados con el sexo.
Para hablar de la sexualidad con naturalidad con los hijos y facilitarles la información, se requiere eliminar prejuicios, tabúes y los propios miedos.
Es preciso contestar a las preguntas de los niños, sin ir más allá de lo que su curiosidad o sus necesidades demanden. No hay que utilizar palabras técnicas, sino un lenguaje claro y sencillo. Se deben plantear todos los temas: conocimiento y aceptación del propio cuerpo, características sexuales masculinas y femeninas, cambios físicos y psicológicos que se van presentando, métodos anticonceptivos... En ocasiones los libros pueden ayudar, más nunca sustituirán a los padres.
La educación sexual conviene abordarla desde una óptica de naturalidad, positiva, de igualdad de derechos entre mujeres y hombres y de respeto hacia las diferentes opciones sexuales.
Una buena educación sexual ayuda a los chicos a tener más seguridad interna y mayor responsabilidad.
