A la hora de orientar la solución de los problemas de los hijos, generalmente los padres y las madres inciden más en la parte teórica de los mismos que en la parte práctica.
¿De qué sirve que el padre repita a su hijo que no le deje las pinturas a un compañero de clase, porque no se las devuelve, si cuando se las pide no se atreve a decirle que no? Tampoco le sirve de ayuda a un chico si sus padres le indican que si otro chico le pega, que se defienda pegando, cuando las normas del colegio dicen lo contrario y, además, si lo hace puede estar incurriendo en una falta grave.
Para orientar la solución de dichos problemas se requiere analizarlos, tomando en consideración el contexto en el que se dan y las emociones que subyacen. Seguidamente se estudiarán las posibles soluciones, las cuales estará bien ensayar para cada caso.
En otras ocasiones los padres necesitan asegurarse de que los chicos han entendido bien lo que les piden. Si les dicen que ordenen su habitación o que frieguen la cocina, previamente les ha tenido que explicar en qué consiste “ordenar” y “fregar”, pues puede que los padres tengan una forma distinta de hacerlas a la de los hijos, ( y que en algunos casos estará bien respetar).
A veces se resuelven algunos incidentes dando a los chicos una nueva oportunidad de repetir una acción, pero ahora haciéndolo de manera adecuada: no gritando, recogiendo algo que ha tirado o haciendo una tarea olvidada.
Otro tipo de problemas, como la ropa que se ponen los niños o el horario para hacer las tareas del colegio, pueden solventarse permitiéndoles participar y elegir. A veces son los propios padres los que crean los conflictos por no mostrar un poco de tolerancia y de flexibilidad. ¿Qué dificultad hay que los niños elijan la ropa que se ponen (entre las opciones que los padres consideren adecuadas), o que empiecen las tareas del colegio media hora antes o después?
El pacto entre los padres y los hijos suele ser una de las mejores formas de evitar sufrimientos y de solucionar problemas. Los niños tienen su propio criterio sobre las cosas, el cual necesitan expresar, y también sentirse tenidos en cuenta. Cuando se cuenta con ellos y se sienten respetados, muestran una actitud mucho más colaboradora que cuando se les intenta imponer lo que han de hacer.
