Muchos padres y madres trabajan, de manera consciente, para que sus hijos e hijas adquieran una educación, que les permita incorporar las cualidades necesarias, para disfrutar de forma plena de su vida y desenvolverse bien en el ámbito social.
Sin embargo, a pesar de su empeño y dedicación, hay padres que dudan de si su manera de actuar con los hijos, ha sido, o es, la adecuada. A veces, no ven los resultados deseados y llegan a sentir una vivencia de fracaso como padres.
Considero que, a la hora de educar, se requiere que los padres mantengan su propia coherencia y acepten las peculiaridades de sus hijos. No tiene sentido sentirse culpables si no se ajustan al modelo que teníamos dibujado para ellos. Además de la de los padres, los hijos reciben muchas más influencias.
Lo importante es que los padres saquen lo mejor de ellos para que brote lo más brillante de los hijos, sabiendo que algunas semillas tardan tiempo en germinar. Quizá haya que esperar a que los hijos tengan hijos para que entiendan el por qué se les intentó educar así. Y antes o después lo agradecerán, tal y como lo hace Pedro.
Queridos padre y madre:
Quiero daros las gracias por todo lo que habéis hecho por mí. Ahora que soy padre entiendo aquellas preocupaciones.
Me regalasteis vuestro tiempo a pesar de estar muy ocupados; soportabais mis rabietas con paciencia y me disteis mucho amor. Me ayudasteis a ver las cosas de manera positiva, a entender mis emociones y darle sentido a mi vida.
Me sentí respetado, pues me tratabais como una persona aunque fuera pequeño: me escuchabais, no me corregíais en público y nunca me pegasteis.
Con vosotros aprendí a enfrentarme a los problemas y a intentar resolverlos, aunque, a veces, os resultara más fácil hacerlo vosotros, pues me ponía un poco terco.
Os agradezco que me recordarais a menudo que no hay que estar pendiente de lo que digan o piensen los demás. “Sigue lo que te dicte tu corazón y tu razón - me decíais- aunque resulte más fácil hacer lo que hacen todos”.
Quiero daros las gracias especialmente porque me quisisteis, aunque hiciera cosas que a vosotros no os gustaban. Recuerdo que me hablabais con voz cálida y me decíais: “Pedro, necesitas darte cuenta de que esta forma de comportarte no te ayuda”. Entonces no lo comprendía, pero ahora, ¡cómo os entiendo! Gracias por estar ahí.
