El móvil no es un juguete y entraña una serie de riesgos, especialmente para los niños pues supone, entre otras cosas: un gasto más, tiende a crear adicción, genera problemas de concentración en el estudio y, además, nos advierten que puede ser peligroso para la salud.
Aunque no hay unanimidad entre los científicos sobre la inocuidad o no de los teléfonos móviles, existen investigaciones que desaconsejan el uso continuado de los mismos a los menores de dieciséis años, dado que son más vulnerables a las radiaciones. Entre ellas están el Informe Steward que encargó el Departamento de Salud del Gobierno Británico y otro que se realizó para el Parlamento Europeo.
Algunos expertos van un poco más allá, como el Dr. John Holt, cirujano y radioterapeuta, que afirma: “Existen evidencias de la relación entre la evolución de ciertos cánceres de cabeza y el teléfono móvil”. Otros hablan de que daña el material genético, como el Dr. George Carlo; o Fidel Franco, doctor en Física, afirma que el móvil afecta a la circulación sanguínea cerebral y al sistema nervioso.
Aunque hay estudios, como el Steward, que recomiendan que “la industria debe abstenerse de promocionar el uso del teléfono móvil entre los niños”, parece que los gobiernos de los distintos países se han plegado a los intereses de las empresas de telefonía móvil. Éstas, una vez que han conseguido que la mayoría de los adolescentes tengan móvil, se han lanzado a la conquista de la franja de edad comprendida entre los cuatro y los doce años.
Las empresas “venden” a los padres las ventajas del teléfono móvil: contacto permanente con los hijos; llamadas controladas; aumenta la autoestima de los niños y, por supuesto, son inocuos. Todo esto, unido a la presión que hacen los chicos, dado que el móvil está de moda, son elementos suficientes para que bastantes padres claudiquen.
¿No ocurrirá con los teléfonos móviles los mismo que sucede ahora con el tabaco? Hasta hace unos años fumar estaba bien visto, sin embargo, los responsables sanitarios han comprobado que el tabaco repercute negativamente sobre la salud y se han tomado medidas orientadas a disminuir su consumo.
Hay indicios suficientes sobre el riesgo de los teléfonos móviles para los niños. Esto debería ser motivo suficiente para que las autoridades intervinieran e informaran de los posibles peligros. A los padres les corresponde limitar al máximo, tanto la compra, como el uso del móvil de los hijos.
