Que bella iniciativa se ha producido este fin de semana con la intención, loable y meritoria, de colaborar con Senegal.

Se realizó un mercadillo, en las antiguas escuelas de Benasque, de productos donados por la comunidad con los que recoger algo de dinero para colaborar en la creación de un aula en uno de esos lugares necesitados en un país como Senegal.

Mi más sincera admiración por los que adquieren un compromiso vital con personas tan lejanas en el espacio y tan cercanas en el sufrimiento. Creo que han trabajado mucho en una colaboración interesantísima entre profesorado, familias y alumnado de todo el valle. La solidaridad debe empezar por ejercerse en nuestro entorno próximo para que no sea un simple término del diccionario.
También he de destacar la culturalidad que, como el rocío, ha impregnado el fin de semana solidario, pudiendo presenciar algo de música en directo a cargo de unos “resopladores celestiales” como son los clarinetistas. Los niños pudieron participar de diferentes talleres de artes plásticas y, finalmente, brindaron por un enriquecedor fin de semana con chocolate, la forma más dulce de terminar un pastel cocinado con mucho mimo.
Para ser justo con mi propia experiencia en el mercadillo me gustaría recordaros que siempre son los que menos tienen los que más colaboran, ha sido una experiencia maravillosa ver como la comunidad de inmigrantes se vuelcan en colaborar con comunidades desfavorecidas, sin querer olvidar en mis palabras a todas las personas que se acercaron a colaborar.
Dentro de este neoliberalismo alienante del siglo XXI y el globototalitarismo que nuestros gobiernos ejercen con despotismo hay tiempo para la esperanza cuando descendemos al nivel de la calle donde la humanidad adquiere un poco más de conciencia, sin olvidar que sigue haciendo falta ayuda, que no intromisión, en muchos otros lugares.
Gracias a todos los participantes por ampliar, ligeramente, mi esperanza en el ser humano y en su conciencia grupal.








