Se escuchan quejas de los padres y de las madres sobre los hijos, a los que no ven suficientemente responsables: no hacen la cama, no ordenan su habitación...Sin embargo, a pesar de las quejas, en algunos casos, no se ponen las medidas necesarias para corregir dichas conductas.
Algunos padres y madres dan sentido a su vida, casi exclusivamente, a través de los hijos. Cuando esto se da así, corren el riesgo de querer seguir manteniendo determinados cuidados, aunque los hijos no los necesiten. Quizá sea la forma, probablemente no consciente, de sentirse útiles y, en algunos casos, imprescindibles.
En la medida en que existe sobreprotección, se está imposibilitando que ellos hagan su proceso Esta manera de actuar lleva a la incapacitación y a crear dependencias en ambas direcciones. Con mensajes como: “¿Qué sería de ti si yo no estuviera?”, les devaluamos y les trasmitimos que no los consideramos capaces.
La responsabilidad es una cualidad que, igual que las demás, precisa educarse. Para ello, resulta útil aprender a pactar y a sustituir la crítica continuada: “Otra vez no has hecho...” “Para hacerlo así es mejor que no lo hagas”, por expresiones positivas dirigidas a reconocer los pequeños avances de cada día: “Te felicito porque he visto que has limpiado el polvo”, “Te veo cada día más responsable”. Si la expectativa es la de que los hijos van a colaborar en los trabajos de la casa, se adaptan a lo que esperamos de ellos.
En ocasiones los chicos tienen disposición a hacer las tareas, pero les pedimos que las hagan de la misma forma y en el mismo tiempo que los padres. Esto puede convertirse en una fuente de conflictos. Está bien mostrarse flexibles. Es mejor que los hijos frieguen la vajilla después de ver la película, a que acaben fregando los padres, aunque estos hubieran preferido que lo hicieran al terminar de comer.
También es preciso facilitar que los chicos aporten su singularidad, su propia manera de hacer y de ver las cosas. A veces ellos tienen una forma distinta de organizarse y de realizar las tareas, que está bien respetar.
La autonomía es uno de los valores más importantes para un ser humano. Es necesario ayudarles y orientarles para que aprendan a manejarse y a resolver los asuntos cotidianos, en definitiva, a valerse por sí mismos. Por supuesto, sin hacer distinción entre los chicos y las chicas en las tareas de la casa.
