Los padres y las madres queremos a los hijos y solemos sentir que todo lo hacemos para que estén bien, pero una cosa es quererles y otra distinta que ellos se sientan queridos. En las relaciones de cada día no siempre les llega nuestro cariño. En ocasiones les censuramos, utilizamos mucho el imperativo, les comparamos o el cansancio y las prisas dificultan que, a veces, perciban que estamos por ellos.
Los niños y las niñas necesitan sentirse tenidos en cuenta y queridos más que el comer. Hasta los cinco años precisan el cariño de los padres y del profesorado; después también el de sus compañeros.
A veces, ante determinados comportamientos de los niños, comentamos: “Lo hacen por llamar la atención”. Parece que esto lo vivimos como si actuaran de manera caprichosa e incluso por fastidiar. Sin embargo, detrás de esas conductas se esconden llamadas que dicen: ”¡Escúchame!”, “¡No me llega tu cariño y lo necesito tanto!”. Por eso, precisamos fijarnos, no en la conducta, sino en lo que se esconde detrás de ella, pues suele indicarnos que hay alguna cuestión no resuelta adecuadamente.
Si no perciben amor, aceptación, respeto..., recurren a diversas estrategias para que estemos pendientes de ellos: gritan, pelean, no comen... De esta manera reciben atención, aunque, incluso, les pueda suponer una regañina o un castigo, pero en la búsqueda de sentirse queridos, eso es mejor que tener la vivencia de que importan poco.
Cuando hay dos hijos en la familia, suele darse que uno hace el papel de “bueno” y el otro de “rebelde”. El primero consigue las felicitaciones del padre y de la madre procurando agradar: se muestra cariñoso, colaborador... El otro logra reconocimiento desobedeciendo y haciendo oposición a lo que se le plantea. En la escuela ocurre algo parecido.
Para asegurarnos si los hijos se perciben queridos y atendidos en sus necesidades, lo mejor es preguntarles: ¿sientes que yo te quiero? Si responde que no, podemos decirle: ¿de qué manera te sentirías querido por mí? Los hijos pueden orientarnos pues conocen sus necesidades y los caminos para que les llegue nuestro sentir.
Decirles valoraciones positivas, respetarles, regalarles tiempos de calidad, pedirles en vez de mandarles..., les ayuda a considerarse valiosos, mejora su equipamiento emocional y aumenta su capacidad para resolver los problemas cotidianos.
