Bastantes chicos y chicas hacen el tránsito de la niñez a la adolescencia sin vivir especiales dificultades, pero a algunos les resulta complicado.
La evolución de cada niño se presenta diferente, aunque existen características y necesidades comunes en cada una de las etapas de su desarrollo. Así, por ejemplo, para los niños más pequeños resulta fundamental: dormir, comer, sentirse queridos y que se les permita explorar y conocer el mundo en el que viven; o, los adolescentes, precisan: autoafirmarse, desarrollar su propia identidad en el grupo de iguales y, aunque siguen teniendo la referencia de la familia, reclaman más autonomía y respeto a su intimidad personal.
Los padres tienen como objetivo que sus hijos se sientan bien y sepan resolverse sus cosas en los distintos ámbitos de la vida. Por consiguiente, su trabajo estará orientado, desde los primeros años y de forma progresiva, a ayudarles a que aprendan una serie de hábitos, a que acepten límites, tengan menos dependencia de sus progenitores y disfruten con lo que tienen.
Si se pretende que los adolescentes tengan autonomía, los padres han tenido que dar los pasos necesarios para que, desde niños, hayan ido incorporando la importancia de responsabilizarse de las tareas de la casa, de sus estudios y de sus objetos personales. A la vez, se les habrán ido presentando opciones de elegir y, también, se les habrá enseñado a asumir las consecuencias de sus elecciones. O, si se busca que los adolescentes se muestren comunicativos con los padres, se hace preciso haber creado previamente un clima de respeto mutuo, de sinceridad, de confianza, de seguridad, de cariño y de empatía.
Algunos padres piensan que los chicos se responsabilizarán o adquirirán determinadas cualidades cuando se hagan más mayores. La experiencia muestra que tener más edad no garantiza nada. Es más, si un niño debería haber incorporado un valor, por ejemplo, a los tres años, y no lo ha hecho, resultará cada vez más difícil que lo haga a medida que pase más tiempo.
De alguna manera en la adolescencia se recogen los frutos de las relaciones entre los padres y los hijos y del trabajo educativo realizado antes de llegar a la misma. Por tanto, si se quiere una adolescencia con pocos conflictos, al terminar la Educación Primaria, los niños necesitarán, entre otras cosas: estar bien equipados emocionalmente, tener autoestima ajustada, aceptar normas y tener autonomía.
