Cuando llega el verano bastantes padres compran a sus hijos los “Cuadernos de vacaciones”, sin embargo, éstos presentan algunos inconvenientes.
En dichos cuadernos se plantean actividades muy similares a las que han realizado durante el curso, por lo que los chicos tienden a identificarlos con que “es más de lo mismo” y, en consecuencia, no suelen mostrar mucho interés por ellos. Esto conlleva, en algunos casos, que los hagan en una o dos semanas para terminarlos pronto, o que los padres tengan que estar todos los días pendientes para que realicen las tareas.
Por otra parte, tampoco se ha demostrado que tengan mucha eficacia, pues, bastantes profesores comentan que en septiembre, hayan hecho o no los cuadernos, se necesita dedicar unos días a repasar lo del curso anterior.
Si el objetivo es que los chicos refuercen algunos aprendizajes, adquieran el gusto por el saber y caigan en cuenta de que el estudio sirve para resolver problemas reales, ¿por qué no se cambia la metodología y se aprovechan las situaciones y los lugares en los que están para que aprendan de manera natural en compañía de los padres?
Por ejemplo, a la hora de realizar un viaje los niños pueden participar en su planificación: estudiar las posibles rutas, distancias entre localidades...; en el lugar de destino se puede conocer la historia de la zona, la flora o la fauna. Según las edades de los chicos y sus intereses, además de la observación directa, se podrán utilizar libros, guías de animales y plantas, etc. En Internet también pueden encontrarse informaciones de utilidad, junto a actividades variadas y motivadoras.
Además conviene que en el verano los niños adquieran más responsabilidades de la casa, y participen en otras, como las compras, con las que pueden hacer cálculos de gastos, comparación de precios...; o aprendan a hacer algunas comidas y lo que conlleva su elaboración: productos, tiempos, etc.
De estas maneras los chicos ponen en práctica los conocimientos adquiridos durante el curso e incorporan otros nuevos, sin sentir que están haciendo tareas escolares.
La lectura diaria necesita ocupar un lugar destacado en las vacaciones y también la escritura de cuentos, poesías, cartas, hacer un diario...
Para aquellos chicos que hayan tenido dificultades durante el curso en alguna de las áreas, les convendrá la realización de diferentes actividades específicas y el profesorado orientará sobre las más adecuadas.
