
Al comenzar el curso los padres, las madres y los chicos se llenan de buenos propósitos e intentan corregir los errores de los años anteriores. Una de las mayores dificultades está en que los chicos incorporen una serie de hábitos y los mantengan a lo largo de su etapa escolar.
Existen algunas cuestiones básicas y de sentido común sobre las que conviene insistir, entre ellas: que los chicos y las chicas desayunen bien y duerman las horas necesarias, ya que algunos llegan al colegio habiendo tomado sólo un vaso de leche o de zumo, y otros se acuestan tarde porque se quedan a ver la televisión. Todo esto repercute en la falta de atención y en un menor rendimiento escolar.
Además a determinados chicos les irá bien quitarse algunos prejuicios. Por ejemplo, piensan que el curso que acaban de comenzar tiene muchas más dificultades que el anterior; a otros les pesan las “etiquetas” que tienen algunos profesores: son “malos” porque “ponen muchos deberes”, “son duros”, “suspenden mucho”...Y si les toca uno de ellos viven cierta incertidumbre, la cual tiende a desaparecer pues, en la mayoría de los casos, esas “etiquetas” están muy exageradas.
Tanto el profesorado como los padres necesitan cuidar especialmente a aquellos chicos que vivieron experiencias negativas en el centro escolar, bien porque fueron objeto de burla y marginación, o porque repiten curso, o por cualquier otra razón que les lleve a vivir la escuela con sufrimiento.
El papel que los padres jueguen en el tema del estudio puede resultar determinante para el éxito escolar y personal de sus hijos. Éstos necesitan comprobar que sus padres van haciendo un seguimiento del curso: se interesan por sus quehaceres escolares, hablan con los profesores, les felicitan los logros, preguntan por las relaciones con sus compañeros, etc.
En la casa los chicos precisan tener un lugar fijo de trabajo, con las condiciones adecuadas, para que se puedan concentrar en el estudio y realizar las tareas escolares. Además convendrá tener en cuenta la experiencia de los cursos pasados, prestando más atención a aquellas materias en las que tuvieron más dificultades y contemplando aspectos a los que quizá no se les dio la importancia que merecían. Por ejemplo: la planificación del tiempo de estudio y de ocio, ver el lugar que ocupa la lectura, los contactos periódicos con el profesorado tutor o comprobar si los chicos utilizan técnicas de estudio.
