En el año 1992 el M.R.P. Aula Libre llevó a cabo una investigación, en el ámbito de Aragón, para conocer las dificultades que vivían los padres y las madres en la relación cotidiana con sus hijos.
Se encuestó a quinientos cincuenta padres y madres, de los cuales un 26% manifestó, como problema, que sus hijos e hijas veían mucho la TV. Diez años después se volvió a hacer un trabajo similar y se comprobó que el porcentaje había descendido hasta el 5%.
Este dato podría indicar que los chicos habían dado la espalda a la televisión. Sin embargo, parece que ha ocurrido lo contrario, dado que muchos la ven unas veinticinco horas a la semana (y en vacaciones más), lo cual supone que están más tiempo frente a la pantalla que en la escuela, con todo lo que eso conlleva.
Probablemente la razón de dicho descenso esté en que, en la mayoría de las familias, ver mucho la TV se ha convertido en tan habitual que ya no se vive como problema.
No obstante, el problema existe. Los efectos perjudiciales no se notan de inmediato, pero sí se hacen evidentes a medida que los chicos van creciendo.
La TV se nos presenta atractiva, no pide nada, es gratuita, entretenida, fácil..., ingredientes que invitan a que esté enchufada muchas horas al día. Éste es precisamente el objetivo de todas las cadenas: captar al mayor número de teleespectadores para que así aumenten los anunciantes. Éstos, con estrategias muy estudiadas, a las cuales los chicos son más susceptibles, intentan persuadirnos para comprar sus productos, con lo cual se abren las puertas al consumismo.
En la TV predomina la imagen en detrimento del lenguaje oral y escrito. La imagen conecta con las emociones, con lo inmediato. Para mantener la atención cada día asistimos a un ritmo más frenético de estímulos visuales y sonoros. Todo esto tiene como consecuencia que se tienda a rechazar lo que requiera análisis, razonamiento o abstracción porque supone esfuerzo o es aburrido. Esto se constata en muchos estudiantes a la hora de estudiar, hablar, escribir o leer.
También, ver mucho la TV, puede tener repercusiones sobre la salud: menos ejercicio físico, obesidad, problemas de sueño, pesadillas...
Por último, conviene analizar los valores que se transmiten en muchos programas: violencia, competitividad, consumismo, insensibilidad a los sentimientos o al dolor de los otros..., los cuales, lógicamente, no concuerdan con los que se trabajan en la escuela y en la familia.
