Los padres y las madres procuramos que en las relaciones entre los miembros de la familia haya armonía, cariño, respeto... Por eso, las peleas entre los hijos nos resultan muy difíciles de aceptar y solemos alterarnos. Entonces, peleamos con ellos: les gritamos, les amenazamos... y, sin darnos cuenta, estamos avalando su forma de actuar. También hacemos de jueces, dándole la razón a uno y quitándosela al otro. Así, surgen los celos, el odio...,y seguirán las peleas, pues uno de los hijos sale “crecido” y el otro resentido.
Cuando los niños y las niñas pelean están intentado solucionar algo. Por tanto, no da resultado prohibir las peleas, solamente cuando se puedan hacer daño. Lo interesante es saber qué se oculta detrás de la pelea para así orientar la solución.
A veces pelean para comprobar a quién se le da la razón y saber el lugar que ocupan en los afectos del padre y de la madre. Conviene ver si las peleas se dan cuando el padre o la madre están delante, pues posiblemente estén buscando que tomen partido por uno u otro. Salvo que haya algún riesgo, nos limitaremos a decirles: «Este asunto lo podéis resolver vosotros solos”.
En otros casos la razón de la pelea está en la búsqueda de atención. Sabemos que los niños necesitan sentirse queridos y cada hijo requiere un trato singular. Va bien especificarles que los padres y las madres les queremos mucho, pero que actuaremos de manera distinta con cada uno de ellos, dado que sus necesidades varían. Conviene dedicar un poco de tiempo, todos los días, a cada hijo y enseñarles a pedir atención de forma adecuada.
Los niños necesitan estar y jugar con otros chicos y chicas. Pueden surgir peleas en el grupo para medir las fuerzas y ver como se ubica cada uno en su estructura. Si los niños no pueden jugar con sus hermanos, o no consiguen integrarse en un grupo, hacen provocaciones para que les dejen participar en sus juegos: gritan o quitan un juguete y salen corriendo. Organizar las actividades, los espacios y los materiales para que participen todos y fomentar valores como compartir, la ayuda y la solidaridad, reduce el número de peleas.
Por último, quiero indicar que los chicos acumulan mucha rabia, dado que sienten pérdida en el proceso de socialización. Cuando están “cargados” va bien que les facilitemos actividades que les permitan descargarse, sin peleas.
