Las personas buscamos la seguridad, más no hay nada seguro; nos resistimos a los cambios, pero todo está en continuo movimiento; a veces -incluso- desearíamos que los hijos no creciesen, más ellos siguen su proceso.
Como no podemos detener los acontecimientos, lo mejor que podemos hacer es aceptar el cambio permanente y ayudar a los hijos a que lo hagan también. Si no les educamos en esa dirección, probablemente, les estemos impidiendo que vivan nuevas experiencias, y el miedo a no hacerlo bien o a fracasar, irá anidando en ellos, por lo que tenderán a vivirse limitados e insatisfechos.
Para que un niño o niña explore, conozca sus posibilidades y atienda sus necesidades, precisa probar, correr riesgos, y cuando algo no le salga como él imaginaba, lo convertiremos en una fuente de aprendizaje. Lo importante no es el resultado, sino cómo se vive el proceso, teniendo claro que no tener acierto en una tarea, no significa ser un fracasado como ser humano.
A veces los padres, bajo el pretexto de cuidarles, les sobreprotegemos, o no les dejamos, por nuestros propios miedos, hacer alguna actividad: ir a colonias de verano, quedarse a dormir con un amigo... En ocasiones, sólo les hacemos ver nuestro punto de vista; o les etiquetamos, diciéndoles: “Tú no vales para eso...”; o pretendemos que hagan lo que hacen todos, importándonos más lo que digan los demás que las necesidades de los hijos.
Si no se les inculca a los niños el sabor de la aventura, de probar..., cuando se hagan adultos, seguramente seguirán haciendo lo conocido para no correr riesgos. Si les ayudamos a incorporar nuevos sueños, otras formas de hacer y de ver las cosas, les estamos enseñando a vivir de forma más plena.
Es nuestra responsabilidad como padres, favorecer que prueben nuevas actividades: visitar lugares, tener otras relaciones, comer alimentos nuevos..., felicitándoles los logros -especialmente cuando empiecen algo- También es fundamental enseñarles a ver que hay distintas formas de vivir la vida y que cada uno necesita encontrar la más adecuada para él.
Los padres y las madres precisamos saber que si tratamos a nuestros hijos como incapaces, se comportarán de esa forma; sin embargo, si los consideramos capaces de hacer algo nuevo, les estaremos ayudando a que poco a poco consigan la seguridad necesaria, se abran a otros horizontes y logren nuevas metas.
