El pasado 22 de noviembre temprano, unas cuarenta personas , madres, padres, abuelos, abuelas y por supuesto niños, nos reuníamos frente a las puertas del cole de Benasque desde donde partíamos a conocer una parte de nuestro territorio. Sopeira y Arén son dos pueblos de la parte más oriental de nuestra comarca, en la vertiente del Noguera Ribagorzana.
La hora temprana y las curvas de la carretera nos marearon, a algunos más que a otros. Llegados a Arén todo mareo desapareció, nos tomamos nuestro tiempo para el almuerzo y saludamos a Idoia, nuestra guía.
Empezamos el día en la Plaza de la Iglesia y paseando por las bonitas calles de Arén fuimos descubriendo algunas curiosidades. Nos dirigimos a una colina donde discurre el estrecho sendero que te aproxima a la zona del Antiguo Castillo Medieval, que aunque derruido, conserva el resto de una antigua iglesia románica con una interesante necrópolis con tumbas antropomorfas. Desde este punto se domina con la vista un paisaje singular, donde destacan las areniscas, de las que coge su nombre el pueblo.
Tras descender otra vez al pueblo nos dirigimos al museo de los dinosaurios, donde Idoia nos explica tanto las singularidades del edificio como el contenido del museo. Conocimos al Arenysaurio y como hay una gran parte interactiva, todos participamos.
Antes de comer y ya con buen apetito, nos dirigimos al Centro de Interpretación de la Ribagorza, antigua Casa del Gobernador del castillo. Nos gustó encontrarnos en los diferentes paneles interpretativos, una reconoció la aldaba de la puerta de yaya, otros reconocieron a los que portaban a San Marcial en una foto antigua y todos aprendimos sobre nuestro entorno y nuestros vecinos.
La comida, buena y copiosa, la disfrutamos en un restaurante que acertadamente disponía de un parque para los niños, lo que permitió una animada sobremesa a los adultos.
Con la energía recuperada, nos fuimos a bajar la comida paseando junto a La ruta de las Huellas, el yacimiento de icnitas que está explicado en paneles interpretativos.
Llegó la hora de despedirnos de Idoia y agradecer sus explicaciones y compañía.
Montamos en el autobús para dirigirnos a Sopeira donde visitamos el Monasterio de Alaón, una vecina del pueblo nos guió y contó todas las singularidades del edificio, buscamos el pez oculto y visitamos la cripta.
De vuelta al autobús cansados y contentos, para unos peli y para otros siesta, pero todos con ganas de repetir.
