En el proceso educativo de los niños y de las niñas, se van sucediendo una serie de problemas. Una cosa son los problemas y otra distinta cómo los vivimos o reaccionamos ante ellos, ya que, a veces, se activan en nosotros emociones variadas: miedos, impaciencia, ansiedad, enfados..., con las que nos conflictuamos.
El enfado es una vivencia de pérdida y de ira contra alguien, y se da cuando las cosas se presentan de manera diferente a como nos gustaría. Es una emoción aprendida del entorno más cercano. Si un niño ve a su padre que, cuando no le sale algo bien, empieza a lanzar objetos, a gritar o a insultar, tenderá a imitar esas conductas.
Con frecuencia los enfados se utilizan como estrategia manipulativa para conseguir que unos hagan lo que dicen otros. Solemos escuchar frases como: “Si no lo haces me enfadaré”, “Me estoy empezando a enfadar y ya sabes qué pasa cuando me enfado”. Con el enfado del padre o de la madre se pondrá en marcha el miedo en el niño y de esta manera resulta más probable que se pliegue a sus pretensiones. Los niños, también han aprendido que con el enfado pueden tener algún beneficio, y a veces utilizan las rabietas para saltarse los limites.
Cuando estamos enfadados no educamos en respeto y amor, dado que los enfados suelen ir acompañados de: gritos, críticas, descalificaciones, insultos... y así, las cosas se ponen peor, generando más dificultades a los demás y a uno mismo.
Si los padres o los hijos están enfadados lo mejor es no hablar; esperar a que se calmen y después estudiar la manera de resolver el problema en cuestión. Va bien permitirse y permitir sacar el enfado de manera adecuada: golpear cojines, romper papeles, retorcer una toalla, gritar o dar puñetazos o patadas al aire. Resulta fundamental no hacerlo contra personas ni rompiendo objetos de valor.
Tener paciencia, saber esperar sin conflictuarse, ayuda mucho a la hora de buscar solución a los problemas. No alterarse ante los problemas no quiere decir que a uno no le importen o que es blando, dado que se puede estar sin enfado y a la vez mostrar firmeza y mantener los límites. También el ingenio y el buen humor son recursos muy útiles para desdramatizar situaciones. Añadir, por último, que necesitamos hacer reeducación emocional, es decir, poner en tela de juicio las formas de sentir que tenemos incorporadas y trabajar otras más saludables.
